¿Quién pertenece a LA?

Puedes verlo cada vez que sales a la calle, en cada acera de la ciudad.

Los Ɓngeles estĆ” en medio de una crisis de vivienda e indigencia. 

Pero puede que no conozcas los detalles. Esta es la realidad de nuestra situación.

Desde el 2015, el número de personas indigentes en la ciudad de Los Ángeles se ha incrementado a mÔs de diez mil. Casi la cuarta parte de la población del país entero de indigentes sin techo viven en el condado de LA.

La crisis es particularmente severa en el Distrito 4. Mientras que la indigencia creció en un 16% en la ciudad de LA, el año pasado nuestro distrito vio un alza del 53%, el incremento mÔs grande de la ciudad.

Hay muchas razones por las cuales las personas caen finalmente en la indigencia, pero una de ellas parece ser cierta para casi cada uno de los casos. No hay suficiente vivienda aquĆ­ que la mayorĆ­a de las personas en LA puedan pagar.

Gracias al marcado incremento en los precios de vivienda, los inquilinos estƔn bajo un estrƩs increƭble.

  • LA es la tercera ciudad con la mayor carga de alquileres en el paĆ­s.

  • Entre el 2000 y el 2015, la renta media del condado de LA creció en un 32%, mientras que el ingreso promedio de los inquilinos bajó 3%, esto cuando ambos se ajustan por la inflación.

  • La lista de espera por vales de vivienda federal tiene mĆ”s de una dĆ©cada de largo.

  • Los que tienen la suerte de recibir un vale no pueden encontrar propietarios que los acepten; casi la mitad de los vales que la ciudad de LA extiende expiran antes de ser usados.

  • Entre el 2010 y el 2018, el condado de LA presenció mĆ”s de medio millón de desalojos.

La indigencia es el resultado mƔs visible de una amplia crisis de vivienda popular que estƔ arriesgando el futuro de Los Ɓngeles como una ciudad inclusiva donde hay oportunidades para todos.

Debido a la crisis, nuestra comunidad se estĆ” contrayendo. La población de LA se redujo el aƱo pasado, aun cuando el resto de California creció. ĀæQuiĆ©n se estĆ” moviendo? En mayor parte, las personas que ganan menos de $50,000 al aƱo. Gente joven, adultos mayores, empleados del comercio y la industria de hospitalidad, enfermeras, maestros, trabajadores esenciales y artistas; personas que hacen nuestra ciudad vibrante estĆ”n siendo forzadas a salir. 

Es claro también que las personas de color sufren el mayor impacto por nuestras políticas fallidas de vivienda. Los angelinos negros, en particular, han sufrido enormemente. A partir de 1990. El número de afroamericanos viviendo en el condado de LA ha caído casi en un 20%. Vecindarios negros históricos en la ciudad han sido desplazados a suburbios alejados haciendo eco a la vergonzosa historia de la huida de los blancos y la desinversión urbana.

La gente de bajos recursos y la gente de color estĆ” buscando asequibilidad en otras partes, mientras que los inversionistas y las personas mĆ”s pudientes se asientan y toman sus lugares.  La crisis estĆ” socavando a la ciudad de su diversidad y vitalidad cultural.

Las opciones para los angelinos que no pueden pagar su renta son trƔgicas: se van o se vuelven indigentes.

ĀæCómo estĆ” abordando nuestro ayuntamiento esta crisis? Se han dormido al volante. 

Ellos han permitido que las rentas suban sin ningĆŗn control, y no han protegido a los residentes de ser desalojados. Han abandonado el esfuerzo de construir viviendas económicas, aunque ha habido mucho mejor tasa de mercado y construcciones de lujo. 

Y han respondido a la tragedia de la indigencia con campamentos resultados de redadas donde meten a los vecinos sin techo de  la ciudad, en vez de proveer los servicios y el abrigo que los ayudarĆ­a a salir de la calle.

La ciudad no ha respondido con urgencia a resolver una crisis generacional, y el consejo del distrito  4 ha sido uno de los peores en apresurarse a resolver el problema. Simplemente no se estĆ”n construyendo viviendas económicas nuevas. Del 2015 al 2018, solamente el 13% de la vivienda nueva en LA fue designada como asequible para la población en el 40% inferior de los ingresos. Y en el Consejo del Distrito  4 fue mucho menor: solo 7% fue declarado vivienda económica.

En vez de bajar las rentas, la ciudad permitió este aƱo, por primera vez en la dĆ©cada, un incremento mĆ”ximo en los apartamentos de renta controlada. No solamente estamos fallando en construir  vivienda barata, sino que estamos perdiendo la poca que tenĆ­amos: mĆ”s de 8,500 unidades económicas van a ver su vencimiento del convenio de asequibilidad en los próximos cinco aƱos, convirtiĆ©ndolos a precios de mercado y permitiendo a los propietarios subirles el precio.

La ciudad no se estĆ” moviendo con la rapidez necesaria para enfrentar las necesidades inmediatas de nuestros residentes indigentes. Al paso que estamos aƱadiendo camas en los albergues, nos tomarĆ” dĆ©cadas para proveer suficientes camas a la población actual de indigentes. Ni una sola unidad de vivienda con soporte permanente estĆ”n listas para mudarse en toda la ciudad. Aunque la indigencia creció en un 53% el aƱo pasado en el distrito, CD4 permanece entre el tercio inferior de los distritos en lo que se refiere a nueva vivienda de apoyo; y aĆŗn no hay distritos de Parqueo Seguro (Safe Parking) en el distrito. 

Mientras tanto, el Consejo estÔ proponiendo prohibiciones punitivas que hacen ilegal que la gente duerma en la calle y en sus automóviles sin ofrecer ningún otro lugar para que vayan estas personas.

El gobierno de nuestra ciudad ha tenido todo el tiempo los recursos necesarios para componer esta crisis; pero han escogido no hacerlo. 

Hemos consultado con acadƩmicos, activistas, grupos comunitarios, y expertos en polƭtica para seleccionar las soluciones que aparecen abajo. Nuestro plan consta de tres partes:

  • Lo mĆ”s urgente es atender las necesidades inmediatas de las personas que estĆ”n hoy viviendo en la calle.

  • Tenemos que parar las hordas de personas que se vuelven indigentes al proteger a los inquilinos de los aumentos de la renta y de los desalojos.

  • Debemos de construir el tipo de vivienda que los residentes de LA pueden pagar.

Implementadas juntos, estas estrategias forman un enfoque holĆ­stico para acabar con esta crisis. 

Finalmente, podemos permitir que nuestra polĆ­tica de vivienda se iguale a los valores de la ciudad. 

Esto es lo que tenemos que hacer:

Llevar servicios directamente a las personas que lo necesitan

En el tiempo que dirigĆ­a un servicio sin fines de lucro para indigentes operado por un grupo de voluntarios que atendĆ­a Silver Lake, Los Feliz, Echo Park y Atwater, me quedĆ© atónita al descubrir que difĆ­cil era para esas personas conseguir la ayuda que necesitaban. 

Mientras colaborĆ”bamos con la comunidad y llegamos a conocer a nuestros vecinos que estaban en la indigencia, encontramos que no tenĆ­an los medios para darse una ducha, recibir correo, o lavar su ropa, y era casi imposible comunicarse con un administrador de casos, aun cuando ellos lo necesitaran desesperadamente. Si llovĆ­a, no habĆ­a un albergue abierto en tres millas a la redonda, y los pocos que estaban abiertos tenĆ­an muy pocas camas disponibles. 

La situación era aún peor para las personas con problemas de drogas. Muchas personas llegaban a nosotros deseando dejar su adicción y recibir tratamiento: llamÔbamos por toda la ciudad, pero con frecuencia encontrÔbamos que las pocas camas disponibles estaban a mÔs de una hora en auto, y aún allí, tendrían que entrar en una lista de espera. Tratamiento para problemas psicológicos era igual de difícil de obtener. Era imposible recibir ayuda.

Les pedimos a nuestros miembros del consejo que nos ayudaran a encontrar un centro de acceso en nuestra Ɣrea, un lugar donde los indigentes y los vecinos voluntarios se pudieran reunir: uno que pudiera proveer servicios bƔsicos, manejo de casos, y un sentido de comunidad. Hasta les proporcionamos una lista de 85 lugares potenciales donde se pudiera ubicar este centro de reuniones.

La ciudad no hizo nada.  Entonces, lo hicimos nosotros.

Con mi grupo, SELAH, comenzamos un programa semanal en una iglesia comunitaria para proveer duchas, ropa, una comida caliente y actividades. Pasamos pelĆ­culas y les dimos acceso a un administrador de casos a nuestros vecinos indigentes. Modelamos nuestro trabajo en otras organizaciones comunitarias como Recycled Resources y The Center in Hollywood que habĆ­an creado programas abiertos  para responder a las mismas necesidades.

La respuesta fue increĆ­ble: docenas de participantes llegaban cada semana, y casi el mismo nĆŗmero de voluntarios llegaron para conocer a sus vecinos. Muchos de nuestros visitantes sin techo nunca habĆ­an hablado con un administrador de casos: ahora ellos podĆ­an acceder a recursos importantes y fueron encaminados para encontrar vivienda.

El programa ha crecido a muchas veces por semana en otras ubicaciones. Me emocionó mucho la respuesta, tanto de nuestros indigentes como de nuestros vecinos con casa: habĆ­a una necesidad para este tipo de servicio, y la comunidad se ha vuelto mĆ”s saludable y amistosa gracias a ello. Las lecciones aprendidas de esta experiencia me enseƱaron cómo se puede enfrentar la indigencia en Los Ɓngeles de una forma proactiva y efectiva. 

Primero quiero expandir los centros de acceso por toda la ciudad.

Tenemos que hacer mucho mÔs fÔcil para personas indigentes el acceder a servicios pronto y de manera consistente, especialmente crucial cuando la espera para vivienda puede tomar muchos meses. Yo propongo crear una red de Centros de Acceso Comunitario en cada vecindario de la ciudad: espacios donde los visitantes puedan llegar, sentirse bienvenidos, consulten con un administrador de casos, y tengan sus necesidades bÔsicas de higiene, comida y salud cubiertas. Al llevar estos servicios a las personas que los necesitan directamente permitiendo con el tiempo una relación de confianza, podemos acelerar el proceso de proveerles vivienda.

Administradores de caso, trabajadores sociales, trabajadores de salud mental, y el personal de  organizaciones que prestan servicios legales serĆ”n todos invitados a reunirse en el Centro de Acceso.  Los trabajadores sociales visitarĆ”n todos los campamentos de los vecindarios a los que sirve el centro de acceso de forma regular, y animarĆ”n a los residentes a llegar a buscar servicios y tratamientos.

Cada Centro de Acceso Comunitario contarĆ” con un pequeƱo nĆŗmero de camas, para ser usadas cuando se necesite. Los administradores de casos, proveedores de salud, y el personal de servicios legales podrĆ”n llegar a conocer a los individuos de los vecindarios y coordinar su cuidado. 

El trabajar al nivel del vecindario tambiĆ©n engendrarĆ” mĆ”s responsabilidad: el personal de los centros de acceso puede usar medidas que muestran el claro progreso en proveer hogares a los residentes indigentes  del vecindario. 

Estos centros comunitarios se pueden colocar tambiƩn donde personas sufriendo cualquier clase de vulnerabilidades puedan obtener ayuda, incluyendo residentes mayores que puedan necesitar servicios, aquellos a punto de quedar indigentes, los que tienen carencia de alimentos, etc.

Estos centros serƔn la puerta de acceso a servicios y cuidados que permitirƔn prosperar a los residentes de la ciudad.

Yo no quiero que estos centros sean Ćŗnicamente un lugar para los trabajadores de la ciudad y gente buscando ayuda: al igual que el programa de SELAH, yo quiero que atraigan a la comunidad entera, y que se vuelvan un lugar donde a la gente le guste estar y conocerse unos a otros. 

Sabemos que la mayorĆ­a de las personas responde a los vecinos mĆ”s necesitados con compasión; todos desean ayudar. Las personas Ćŗnicamente necesitan un lugar seguro, accesible y efectivo para donar su tiempo y recursos. 

Al juntar a las comunidades, creo que podemos empezar a cambiar la conversación sobre la indigencia, y hacer que las personan pierdan el miedo de sus vecinos necesitados.

Segundo, debemos de parar de criminalizar la indigencia. 

Hoy en dĆ­a, nuestros vecinos sin techo se enfrentan a una serie de leyes que hacen que el mismo acto de ser indigentes sea ilegal en LA. Los códigos municipales 56.11, 41.18 y 85.02 forma un cuerpo legislativo que hacen ilegal para los residentes sin techo de acarrear pertenencias voluminosas, sentarse, dormir o recostarse en las aceras, o dormir en sus automóviles. Estas leyes han sido desafiadas una y otra vez por los defensores de derechos civiles, y han tenido que ser modificadas. 

Pero aĆŗn en su estado modificado, el departamento de policĆ­a de LA continuamente hace cumplir estas reglas selectivamente, haciendo citaciones que pueden conducir a multas, órdenes de captura y eventualmente a arresto. En vez de mantener estas leyes en los libros y multar a los residentes sin vivienda por el crimen de ser indigentes en un momento cuando hay tan pocas camas en los albergues o vivienda para indigentes, estas leyes deben de ser simplemente removidas del código municipal. 

La ciudad parece que ya estÔ reconociendo que citar a los residentes bajo estas leyes no sirve ningún propósito positivo para mantener la ley y el orden: en octubre, para aligerar el peso del sistema de cortes, el jefe de LAPD, la DA, y el Abogado de la Ciudad anunciaron que iban ellos a borrar mÔs de un millón de citaciones por ofensas menores, un acto que ayudaría principalmente a los indigentes. Pero en vez de emitir citaciones primero para luego borrarlas, ¿por qué no remover de cuajo las leyes que castigan y criminalizan la pobreza?

En su lugar, la ciudad debiera estar usando su tiempo y dinero para implementar soluciones con sentido común y compasión que permitan a los indigentes y a las personas con vivienda compartir mejor el espacio hasta que la crisis de vivienda se resuelva. Instalaciones de almacenamiento temporales pueden guardar de forma segura las cosas voluminosas que a veces bloquean parques y aceras durante el día, y pueden tranquilizar y estabilizar a los residentes sin techo que con frecuencia pierden sus pertenencias debido a robos o barridas de la ciudad. Hoy en día, la ciudad solamente tiene una bodega en Skid Row. El uso del espacio en parques, aceras y otros espacios públicos se puede regular mejor para asegurar un acceso seguro y equitativo para todos los usuarios, tanto los que tienen vivienda como los que no la tienen.

Un paso positivo que ha dado recientemente la ciudad es avanzar hacia proveer servicios regulares a los indigentes, tal y como lo hacemos con los que tienen vivienda. 

Un aspecto consistente de la forma en que la ciudad aborda la indigencia ha sido las barridas de campamentos, donde los oficiales del LAPD y los trabajadores de salubridad se presentan en los campamentos y tiran casi todo lo que encuentran. Yo he visto los resultados devastadores que estas barridas tienen en la gente; ellos pierden documentos importantes, recuerdos invaluables, y a veces hasta las medicinas que les mantienen con vida. Actualmente, estas barridas suceden a petición de las oficinas del Consejo, y de acuerdo con una auditorĆ­a reciente, estas se comen la mayorĆ­a de los recursos destinados para ayuda de la ciudad. 

Investigaciones han demostrado que responder en base a quejas engendran la peor clase de polĆ­ticas: tanto inmorales como inefectivas. 

En vez de realizar barridas disruptivas y sin planeamiento, yo apoyo el modelo propuesto por  la coalición Servicios no Barridas que fue adoptada recientemente por el alcalde en su programa CARE: visitas cuidadosas de la oficina de saneamiento, y los trabajadores sociales que trabajan los casos de indigencia, donde la ciudad puede ayudar a los residentes de los campamentos a mantener sus espacios habitables limpios, al botar la basura y no las pertenencias. Yo favorezco que se elimine completamente a la LAPD de estas limpiezas; si la ciudad se enfoca en ayudar a las personas sin vivienda en vez de antagonizarlas, no tenemos por quĆ© invocar la amenaza de fuerza letal en el proceso de asegurar ambientes saludables y conectar a las personas a los servicios. 

Paremos el rio de personas camino a la indigencia: congelamiento de alquileres y protecciones al desalojo

El aƱo pasado, mĆ”s personas indigentes de LA que nunca fueron alojadas, pero mĆ”s personas aĆŗn perdieron su casa, lo que llevó a un incremento del 16% del total de indigentes. 

No podemos solucionar nuestra crisis de indigencia simplemente al agregar camas en los albergues y vivienda de apoyo permanentemente. Necesitamos desesperadamente una acción seria para mantener a los inquilinos en sus hogares. 

La evidencia es clara: la indigencia en LA es consecuencia de las rentas altas. Y las rentas en LA estĆ”n creciendo: del 2012 al 2018, la renta mensual promedio del condado de LA creció aproximadamente $500. 

AĆŗn los apartamentos con renta controlada han visto incrementos masivos en el costo comparado con el ingreso medio: mientras que las rentas en unidades con control de renta han sido permitidas un aumento del 3% anual, el ingreso promedio de los hogares de la ciudad de LA solamente creció 1.5% anual del aƱo 2009 al 2017 de acuerdo con el US Census Community Survey. El crecimiento de ingresos es aĆŗn mĆ”s lento cuando se mide a los inquilinos, a las personas que viven en unidades asequibles. 

Los oficiales de la ciudad prefieren pretender que tienen las manos atadas por el estado cuando se trata de bajar las rentas. Pero ellos pueden hacer mucho, mucho mĆ”s de lo que han estado haciendo. Es cierto que las leyes del estado limitan la habilidad de la ciudad para aplicar controles a los nuevos edificios de apartamentos. Pero el Consejo tiene mucha autoridad sobre las unidades que ya tienen control de renta, y eso representa el 80% de los apartamentos en Los Ɓngeles. 

A continuación, algunas ideas de lo que se puede hacer con estos apartamentos. 

Primero, ya es tiempo de congelar al 0% temporalmente los alquileres.

El congelamiento de la renta puede sonar radical, pero es en realidad muy comĆŗn: New York pasó recientemente un congelamiento de rentas en dos aƱos consecutivos sobre mĆ”s de un millón de unidades en un esfuerzo para afrontar la crisis por el alto precio de la vivienda. Hasta nuestros vecinos estĆ”n ya en eso: Culver City ya congeló las rentas anuales al principio de este aƱo. En LA, una de las ciudades del paĆ­s mĆ”s asediadas por la renta, una congelación temporal al 0% no es radical: es sentido comĆŗn. Lo que sĆ­ es radical es cómo la ciudad ha estado empujando a los inquilinos hasta llevarlos a sus lĆ­mites financieros en la Ćŗltima dĆ©cada. 

El congelar la renta permitirƔ a la ciudad encontrar abrigo para las personas que estƔn indigentes, sin tener que lidiar con otros miles de personas que se vuelven indigentes cada aƱo debido al incremento en rentas.

Segundo, tenemos que atar los incrementos de renta al incremento real en salarios.

Hoy en dƭa, los aumentos de renta en las unidades controladas estƔn atados a los cambios en el ƭndice de precios al consumidor (Consumer Price Index - CPI). Pero el menor tope que la ciudad puede imponer a las unidades con renta controlada es de 3%.

El índice de precios al consumidor incrementó tres por ciento una sola vez en la última década, lo que quiere decir que se les ha permitido a las unidades de renta controlada incrementar el precio mÔs rÔpidamente que la inflación.

Esta es una mala polĆ­tica. Las unidades de renta controlada no debieran tener un mĆ­nimo del 3% de incremento permitido cuando el CPI es mĆ”s bajo. AĆŗn mejor, la renta de estas unidades debiera estar atada a los salarios verdaderos, para que la renta no suba hasta que nuestros salarios lo hagan. 

Tercero, debemos dar mÔs protección a los inquilinos.

Una manera efectiva de lograr que los inquilinos se queden en su vivienda es aumentando sus derechos. Todos los angelinos debieran tener el privilegio, codificado en la ley de la ciudad, de presentar reclamos sobre acosos de los propietarios o condiciones insalubres, sin temer desalojos u otra forma de represalia. 

TambiĆ©n tenemos que incrementar los subsidios que se ofrecen a los inquilinos para ayudarlos a establecerse en un nuevo lugar, donde los propietarios puedan proporcionar pagos para los inquilinos obligados a moverse bajo el Ellis Act.  Estos pagos deben reflejar la brecha entre lo que estaban pagando los inquilinos y el costo comparable de un apartamento vecino, para que los inquilinos se puedan quedar en sus vecindarios por un largo tiempo. 

Cuarto, debemos dar a todos los inquilinos en Los Ɓngeles el derecho a asesorƭa legal, incluyendo a los residentes indocumentados.

La mayoría de los inquilinos que enfrentan el desalojo en LA no tienen representación legal, que los pone en un alto riesgo de perder su vivienda, aún en las situaciones donde ellos no tuvieron la culpa. Nuestra ciudad debería asesorar a todo individuo que lo solicite, no importando su nivel de ingresos y su estatus ciudadano.

El derecho a un asesor legal ha sido ya establecido en San Francisco y New York, y el efecto ha sido dramƔtico: en New York los desalojos se redujeron en un 11% , y 84% de los inquilinos que recibieron asesorƭa legal pudieron quedarse en sus viviendas.

Cuando se trata de proteger a sus inquilinos, ya es hora de que LA tome la iniciativa.

Quinto, tenemos que proveer ayuda temporal de renta a una franja mucho mĆ”s grande de inquilinos  en peligro de desalojo que los que actualmente son elegibles para ello. 

Actualmente, ayuda temporal con la renta estĆ” disponible solamente para las residentes que estĆ”n en el nivel mĆ”s bajo de ingresos del espectro. Sin embargo, muchos que experimentan una crisis por la  pĆ©rdida de su empleo, facturas mĆ©dicas, o divorcio que pueden llevarlos a ser desalojados ganan montos que los hacen inelegibles para tal apoyo. 

Le cuesta al gobierno mucho menos proveer a individuos y familias asesorƭa de renta que los mantenga en sus hogares, que lo que cuesta ayudarlos para salir de la calle una vez ya estƔn en la indigencia.

Hasta que salgamos de la crisis, la ciudad debiera incrementar ampliamente la cantidad de asesorƭa que provee y ampliar los grupos de personas que serƔn elegibles para dicha ayuda, incluyendo a residentes indocumentados.

Construir vivienda de primer paso asequible

Todo el mundo sabe que hay una escasez de vivienda económica en Los Ángeles: los expertos han calculado que hace falta mÔs de medio millón de unidades para arrendantes de bajo ingreso.

En vez, tenemos unidades a precio alto de mercado, y nada mĆ”s. Tan deficiente como ha sido la ciudad de LA para construir vivienda económica, CD4 es bastante peor que el promedio.  

Vimos la data del California State TreasurerĀ“s Office sobre nuevas construcciones en los aƱos 2015 a 2018 de nuestro distrito. Las unidades de bajo precio que fueron construidas representan el 7% de las unidades construidas. Cada unidad nueva asequible que fue construida estaba destinada para adultos mayores y para gente con discapacidades. Ā”Durante cuatro aƱos ni una sola unidad fue aprobada en el distrito para residentes de bajo ingreso o familias! 

AsĆ­ lucen los desarrollos para residente de bajo ingreso (casas verdes) alrededor del CD4 (el Ć”rea azul) en ese perĆ­odo: 

 
cd4.jpg

Hemos amurallado a los residentes de bajo ingreso –personas que viven y tienen familias aquí—para que no vivan en el distrito.  Es asĆ­ de simple.  

El otro 93% de nuevas viviendas estĆ” a precio de mercado: usualmente altĆ­simo, en edificios de lujo, muy caros. Nuestro sistema de planeamiento actual en Los Ɓngeles estĆ” manipulada a favor de los desarrolladores multinacionales que llenan sus edificios de apartamentos enormes con amenidades como pista para perros y salas de cine para atraer a inquilinos ricos. 

Estos proyectos de lujo ocupan tierras valiosas que pudieran mantener a mĆ”s personas con otros niveles de ingreso; ademĆ”s ponen tensión adicional a nuestra escasez de mano de obra. 

Necesitamos una nueva visión de vivienda en Los Ángeles.

  • Vivienda con condiciones asequibles que duren durante el próximo siglo.

  • Vivienda donde los maestros, enfermeras y empleados en el comercio puedan vivir cerca de su trabajo.

  • Viviendas donde adultos mayores puedan envejecer bien, rodeados de personas de todas las edades.

  • Hogares que mejoren los vecindarios y reduzcan el infortunio.

  • Vivienda en zonas comerciales, para que las personas puedan vivir cerca de donde trabajan.

  • Vivienda que no se eleve sobre los edificios que las rodean, sino que hagan el mejor y mĆ”s eficiente uso de cada piso.

Vivienda que haga saber a cada una de las personas que hace grande esta ciudad que aquĆ­ son bienvenidos. 

La ciudad puede contribuir fondos para subsidiar la renta en estos edificios, pero no tenemos que gastar millardos para que se construyan. Podemos empoderar a los constructores de vivienda económica en un sin número de formas.

Primero, tenemos que facilitar la construcción de vivienda nueva de precio razonable por derecho, y proveer aprobación para esos proyectos en 90 dĆ­as para ahorrar a los constructores atrasos impredecibles y costosos y obstĆ”culos en el proceso de planificación. 

El proceso de aprobar una construcción en Los Ɓngeles es largo e impredecible, tomando a veces aƱos para que un edificio obtenga los permisos necesarios para comenzar la obra, haciendo muchas veces uso de cabilderos y expedidores para empujar los permisos a travĆ©s de la municipalidad. Por cierto, investigaciones han mostrado que el 93% de la construcción nueva en LA requiere de una aprobación de planificación especializada. 

El proceso es increĆ­blemente caro para los desarrolladores, sin fines de lucro o con fines de lucro por igual, que tienen que comprometer grandes sumas de capital por aƱos antes de que puedan comenzar a construir. Eso ha resultado en que solamente los desarrolladores con mucho dinero puedan construir en Los Ɓngeles, y eso a su vez ha resultado en viviendas que son increĆ­blemente caras. 

Vivienda que sea 100% asequible a la población tiene que ser legalmente rĆ”pida de construir, especialmente a lo largo de las arterias de trĆ”nsito mĆ”s importantes. La legislación que ampara estas unidades debiera durar un siglo, y no el estĆ”ndar actual de 30 a 55 aƱos. 

Segundo, tenemos que revisar el código de planeación para asegurar que los constructores sean capaces de construir viviendas populares. Esto quiere decir:

  • Remover los lĆ­mites de densidad y legalizar unidades mĆ”s pequeƱas (sin necesariamente incrementar la altura permitida de los edificios).

  • Eliminar los requerimientos de parqueo.

  • Instituir limitaciones explĆ­citas en amenidades como el parqueo.

Ahora, nuestros códigos de planificación urbana nos estĆ”n llevando a proveer grandes unidades de lujo en exceso: esto no es lo que la ciudad necesita.  Al hacer cambios inteligentes a nuestro código de planificación bajaremos los costos de construcción para ayudar a producir vivienda que estĆ” explĆ­citamente designada como asequible y lo que se llama ā€œel faltante al medioā€; hogares para residentes de ingresos medios. 

Necesitamos ese tipo de vivienda en nuestros centros de trabajo, donde viajes mĆ”s cortos y acceso transporte pĆŗblico quite automóviles de las calles para que con el tiempo la calidad de nuestro aire se mejore. 

Estos cambios no tienen que cambiar el carĆ”cter de nuestros vecindarios. Podemos incrementar la densidad de vivienda siguiendo ciertas restricciones como la altura de los edificios y otros códigos de desarrollo. Esto asegura que las nuevas viviendas se mezclen sin problemas con el resto de la comunidad, dando nueva vida económica a los negocios locales. 

Es mĆ”s, la densidad de las viviendas no debiera ser incrementada en todos lados. No debiĆ©ramos construir en zonas con riesgo de fuego en las colinas, o en suburbios distantes donde las personas se verĆ”n forzadas a hacer viajes largos para llegar a sus trabajos, o en Ć”reas distantes de las lĆ­neas de transporte pĆŗblico. 

Una forma efectiva de planear la revisión del código que ya ha sido establecido es la legalización para poder aƱadir unidades para residir (Additional Dwelling Units - ADU) que se ha llevado a cabo a nivel de la ciudad y del estado en California. Las leyes bajo ADU han incrementado la disponibilidad de vivienda sin cambiar la forma de los vecindarios. Los beneficios financieros de las construcciones de ADU tambiĆ©n han permanecido en la localidad: han sido construidas principalmente por propietarios individuales, y no por grandes desarrolladores. 

Tercero, tenemos que revisar el código de planificación para legalizar explĆ­citamente lo que yo llamo ā€œvivienda de primeros pasosā€, vivienda con espacios comunes compartidos, incluyendo cocinas y baƱos.

Cuando las personas pierdan sus apartamentos y se salgan del mercado, este es el tipo de vivienda que los recibirĆ”. 

Cuando las personas puedan finalmente salir de la calle, esta serĆ” la vivienda que los abrigarĆ”.

Cada unidad de este complejo de vivienda ayudarĆ” a incrementar asequibilidad, y detendrĆ” la marea de personas que caen en la indigencia. Hasta ahora no hemos sido capaces de detener el nĆŗmero de personas que caen en la indigencia construyendo Ćŗnicamente albergues permanentes de soporte. Tenemos que hacer que sea legal y simple entrar en el mercado a empresas sin fines de lucro y constructores que benefician al pĆŗblico.

Una organización de beneficio social, Flyaway Homes, son uno de los constructores mĆ”s rĆ”pidos y baratos de vivienda económica en la ciudad. Ellos ni siquiera exploran una propiedad si esta no tiene ya permiso para viviendas multifamiliares.  DebiĆ©ramos estar invitando a constructores como este a la ciudad, asegurĆ”ndonos que puedan construir la clase de vivienda que necesita realmente la gente que estĆ” saliendo de la indigencia, y no dejarlos fuera por nuestra zonificación. 

Cuarto, proponemos un nuevo fondo de la ciudad para adquirir, restaurar y manejar propiedades asequibles: una opción pĆŗblica de vivienda. 

No se ha construido vivienda pública en Los Ángeles desde 1955. Ya es hora de volver al juego.

Con un fondo dedicado a comprar y restaurar viviendas multifamiliares, Los Ɓngeles puede aƱadir al inventario de vivienda pĆŗblica mientras mejora vecindarios e ilumina nuestras calles, con el propósito de acoger inquilinos en riesgo de ser desalojados. CombinarĆ­amos fondos locales con flujos federales existentes para extender rĆ”pidamente la huella de vivienda subsidiada en Ć”reas como CD4, donde las personas sin un techo sobre ellos y la población en riesgo sobrepasa el stock disponible. 

Este programa costarÔ mucho menos que construir nuevas unidades, y empezaremos el proceso de des mercantilizar la oferta de vivienda de nuestra ciudad. Y en vez de gastar mÔs de un millardo de dólares anuales solo para manejar la indigencia sin mejorarla, estaremos en efecto llevando a la gente a sus hogares.

ĀæQuiĆ©n pertenece en LA? 
TODOS

Espero que hayamos podido mostrarles cuÔnto poder tiene el gobierno de nuestra ciudad para hacer LA un lugar mÔs acogedor para las personas de todo nivel de ingresos, donde cada uno merece vivienda segura, cómoda y estable.

Hay tanta legislación a nuestra disposición que pueden ayudarnos a revertir el curso de esta crisis sin tener que apoyarnos en el gobierno estatal o en un Presidente autoritario.

Pero la legislación no es suficiente por si sola. Los oficiales electos tienen que estar comprometidos con diseminar un mensaje de aceptación y de comunidad; y con el mensaje que los vecinos nuevos no son una amenaza sino una bendición.

Nuestros lĆ­deres han sido muy receptivos a voces de enojo y ansiedad, y no han hecho un esfuerzo por juntar comunidades. Uno de los cambios mĆ”s grandes que tenemos que hacer en nuestra ciudad es cultural. 

Yo voy a dedicar cada dĆ­a en el puesto a la simple idea que todas las personas son bienvenidas en Los Ɓngeles. Este es el principio que me ha motivado en todo lo que he hecho desde que lleguĆ©, y en todo lo que harĆ©. 

Pero va a tomar un movimiento. Espero que tĆŗ te unas a mĆ­.