Acceso público a Internet de banda ancha

Tamara Solís, en lo que se refiere a la educación de sus niños tuvo que elegir entre pagar renta y comida o pagar el internet.  El internet quedó en segundo lugar por lo que ahora lleva a sus niños al garaje del apartamento de una amiga en Watts para el uso de internet, donde ellos hacen sus tareas en un cuarto cerrado en medio de la pandemia de coronavirus. 

“Es un espacio pequeño”, dijo Solís, haciendo notar que es difícil cumplir con las recomendaciones de mantener la distancia. “Tratamos de hacer lo mejor posible: uno en la mesa, otro en el sofá, y otro en la cama… pero no es suficientemente grande para mantenerlos alejados”. 

- Los Ángeles Times, Abril 22, 2020-08-06

Para sobrevivir en Los Ángeles en el siglo 21, uno necesita acceso a internet. 

Hay tantos servicios de la ciudad que ofrecen ahora aplicaciones para ayudar navegarlos – incluyendo el Metro, el sistema de bibliotecas, y LADWP. Uno no puede aplicar a un trabajo sin tener conexión de internet, ni participar en la actuación de la economía—que está absorbiendo cada vez más de la fuerza laboral de la ciudad—sin tener acceso a un teléfono inteligente.

Un indigente necesita de wi-fi para encontrar albergues de invierno, o centros frescos para el verano.  El Centro de Servicios para Indigentes de LA ahora requiere que los residentes usen un portal de internet para reportar una persona sin hogar que necesite ayuda. Y justamente en semanas recientes  la ciudad abrió un programa para ayudar con la renta para el cual se aplica únicamente a través del sitio web de la ciudad.

No importa dónde vivas o qué hagas en Los Ángeles, tu vida se mueve en las redes, una transformación que ha sido acelerada por la pandemia y que continuará cogiendo velocidad. 

Ya que el acceso a internet se ha convertido en un recurso esencial para manejar la vida diaria, la inequidad para acceder al internet se ha vuelto una crisis urgente en Los Ángeles, una que dejará a la ciudad sin preparación para las décadas venideras si no la abordamos. 

¿Qué tanto de LA está conectado?

La pandemia del COVID-19 ha expuesto la brecha digital en LA; la gran brecha entre hogares con y sin acceso adecuado al internet.

Al forzar a los niños a tomar clases desde su casa basadas en videoconferencias para aprender en línea, nos hemos dado cuenta cuántas familias en LA no cuentan con acceso a conexión de banda ancha capaz de transmitir videos, y cuántos no tienen ni siquiera acceso al internet.

  • En abril, la Asociación sin fines de lucro para las escuelas de Los Ángeles condujo una encuesta de 1,000 familias en Watts, en el sur de LA, y Boyle Heights. Ellos encontraron que el 16% de las familias no tenían acceso al internet, y que 20% de las familias no poseían una computadora o una tableta. Los niños de estas familias tienen sesiones planeadas con otros estudiantes, o simplemente se quedan del todo sin instrucción.

  • Aún menos familias tienen acceso a internet de banda ancha de alta velocidad que se requiere para presentar videos y hacer conferencias; los investigadores de USC encontraron que 1 de cada 4 familias con estudiantes de K-12 en el condado de LA no tienen accesos a ambas, tanto computadora como una conexión de internet de banda ancha.

  • En el este de LA y en Watts, el mismo reporte de USC encontró que menos de la mita de los hogares con niños en el sistema LAUSD “tienen los recursos necesarios para el aprendizaje a distancia”. 

  • Todos los estudios han encontrado que las familias negras y latinas en LA son significativamente  más propensas a no tener internet de cualquier velocidad, subrayando aún más la profunda desigualdad racial en la ciudad.

Aquí hay algunos mapas que creamos usando  datos de la Encuesta de la Comunidad Americana  (American Community Survey) para mostrar qué porcentaje de hogares en los diferentes vecindarios tienen internet o una computadora.

No son solamente los niños los que han quedado fuera de la era del internet. Mientras que más y más angelinos se quedan sin hogar, las bibliotecas se han convertido en centros de servicio de facto, siendo las computadores los únicos medios para conectarse en línea para miles de Angelinos.

El cierre de estas instalaciones durante la pandemia ha dejado a muchas personas varadas. Las personas indocumentadas se enfrentan con obstáculos más costosos para conseguir acceso; los proveedores exigen con frecuencia grandes depósitos para cualquier suscriptor sin su número de Seguro Social.

Como resultado de la pandemia del COVID-19, cada vez más angelinos sin internet están encontrando de pronto que hasta los aspectos más básicos y necesarios de su vida diaria están ahora fuera de su alcance.  Todos aquellos que no pueden darse el lujo de tener internet de banda ancha se quedan sin poder trabajar de forma remota, y no tienen acceso a citas remotas ya sea con sus médicos o con otros proveedores de servicios.

El resultado es otro vehículo para la desigualdad en Los Ángeles, el acceso a internet de mayor velocidad permite a los residentes blancos más ricos salir adelante en la ciudad, mientras que las comunidades de color de bajo ingreso se quedan cada vez más atrás.   

¿Qué está haciendo LA para cerrar la división digital?

Desafortunadamente, no mucho. La ciudad ha presentado programas de puntos de acceso wi-fi públicos, principalmente en parques y centros turísticos. Pero no existe un esfuerzo activo para conectar a los residentes sin servicio de internet de LA por ahora. En vez, los angelinos han sido forzados a depender de proveedores privados, lo cual no ha funcionado muy bien.

Más o menos dos tercios de los angelinos solo tienen una opción cuando se trata de conectarse en línea. La razón es simple: toma tiempo y cuesta dinero el instalar infraestructura para banda ancha, y la mayoría de las compañías de telecomunicaciones no sienten que las ganancias y los retornos sean suficientemente rápidos como para que valga la pena, especialmente en un mercado competitivo donde hay que bajar precios para ganar clientes. 

Para la mayoría de nosotros eso quiere decir que solo tenemos a una empresa que podemos llamar si queremos acceso al internet. Y esa empresa no tiene razón para mejorar su servicio u ofrecer servicios  más rápidos porque ellos son la única opción en esa zona de la ciudad. Si los angelinos no están contentos con su proveedor o no quieren pagar el precio que el proveedor pide por el internet, su mala suerte. (Si, a eso se llama monopolio, y es muy malo para los consumidores).

A continuación, un mapa que muestra el número de proveedores en cada condado de LA según el censo de distritos, con data recopilada por los investigadores de USC´s Annenberg School:

 
 

En efecto, este mapa pinta una imagen más optimista de opciones para banda ancha en LA de las que hay en realidad.  Si un proveedor sirve aunque sea una sola casa en un distrito censado, en el mapa aparece como que ellos sirvieran ese distrito completo. El gobierno ha intentado proveer información más precisa y detallada en el pasado, pero los cabilderos de los proveedores se han opuesto a los cambios a la información como es presentada.

Las comunidades de color de  bajo ingreso en LA tienden a vivir en áreas bajo monopolios de internet, y con frecuencia pagan precios más altos por peores servicios. 

Con tantos residentes que han quedado con opciones inferiores o sin internet del todo, la ciudad de LA tiene una clara obligación de llenar este vacío conectando a los residentes para que puedan optar por muchas oportunidades que solo existen en línea, para ayudar a todos los angelinos a prepararse para los avances tecnológicos en las próximas décadas. 

Pero con un poco de ambición, LA puede hacer más que simplemente cerrar la brecha digital.

Otras ciudades, tanto en Estados Unidos como alrededor del mundo se han preparado para el futuro digital al proveer internet como un derecho humano básico alambrando cada hogar con banda ancha de alta velocidad, y ofreciendo una opción pública competitiva para el acceso a internet. 

No solamente pudiéramos conectar a cada angelino al internet… pudiéramos también elevar la velocidad ayudando a los residentes de todo nivel de ingreso y negocios de todos tamaño. 

Los Ángeles tiene una de las velocidades de internet más bajas de cualquier ciudad en América. En un ranking de velocidad de bandas en las 100 ciudades más grandes de Estados Unidos, LA quedó en 61 lugar.

Nuestra conectividad lenta no solo está limitada a las conexiones de internet en residencias, esto también impacta nuestras redes móviles. En un estudio del 2016 sobre el rendimiento de redes móviles realizado por Rootmetrics, LA quedó como 99 de 125 en el ranking ciudades más grandes de Estados Unidos, principalmente debido a la construcción inferior y desactualización de  la infraestructura de banda ancha que ofrecen los proveedores privados. 

Pero las ciudades que han invertido en una banda ancha pública son capaces de ofrecer opciones más rápidas. Cien veces más rápidas. Y con la expansión de infraestructura digital, ofrecen también wi-fi público a través de toda el área.

¿Cómo puede LA expandir su acceso, aumentar la velocidad y convertirse en una ciudad con banda ancha público? ¡Siga leyendo!

¿Cómo funciona la banda ancha pública?

Para comenzar, definamos el término “banda ancha”. Banda ancha solo se refiere a cualquier conexión que sea más rápida que el acceso telefónico a internet. Hay muchas clases de conexiones de banda ancha. 

Las ciudades han explorado un número de estrategias para ampliar el acceso a internet entre sus residentes. La más sencilla –y más barata-- requiere instalar una red de enrutadores wi-fi y antenas amplificadoras para cubrir la ciudad con acceso público al wi-fi. Pero estos servicios son notoriamente poco confiables y fáciles de piratear. 

La mejor opción para obtener banda ancha en el siglo 21 es el cable de fibra óptica, que llamaremos “fibra” para nuestro propósito. La fibra usa luz para transferir la información, y permite por bastante la mayor velocidad de carga y descarga. Al demandar el internet cada vez  más poder de procesamiento, invertir en fibra ofrece la mayor ventaja a largo plazo. En el año 2010, la FCC lo dijo: “es la única tecnología de punta capaz de hacer frente a las necesidades de ultra alta velocidad.”

Cuando se trata de redes de banda ancha propiedad de la ciudad, el patrón de oro es llevar la “fibra a la puerta de la casa” (Fiber-to-the-home, FTTH), los proyectos de gobiernos locales para llevar conexión de fibra a cada uno de sus residentes. Si, es posible, y ya se ha hecho.

La historia de éxito más grande de FTTH en Estados Unidos es la de Chattanooga, Tennessee. Hace una década, Chattanooga logró conectar a cada residente dentro de sus límites a fibra óptica. Como resultado, los residentes pueden disfrutar de una velocidad de un gigabyte por segundo, más del doble de la velocidad de un plan con costo comparable en la ciudad de LA.

Las familias de bajo ingreso en Chattanooga pueden obtener 100 megabytes por segundo a precios descontados –más que suficiente velocidad para conferencias de Zoom y transmisión de videos—mientras que los comercios y residentes con mayores ingresos pueden pagar una cuota más alta para obtener 10 megabytes por segundo; hasta cincuenta veces más rápido que el internet más rápido al que pueden optar los angelinos.

Chattanooga no es la única; hay ciudades cercanas que han invertido ya en banda ancha pública. Santa Mónica, la ciudad vecina a LA, ha estado expandiendo la construcción de una red municipal de fibra por décadas.

Desde el año 2000, Santa Mónica comenzó a conectar los edificios que tenía en la ciudad con fibra creando un anillo de redes. Esta red poderosa de conexiones de banda ancha ahora permite a la ciudad ofrecer wi-fi público gratuito dentro de la mayoría de sus fronteras. Han empezado a conectar grandes edificios multifamiliares a las redes públicas de fibra también, con la mira de eventualmente conectar a cada residente a velocidades de gigabytes por segundo.

¿A quién pertenecen estas redes de fibra?

Chattanooga, Santa Mónica y otras ciudades con FTTH como Longmont, CO (cuya red municipal cuenta con el servicio más rápido de la nación) son únicos porque los proyectos púbicos de banda ancha pertenecen y son operados por las ciudades mismas. 

Pero otras ciudades han seguido un modelo alterno: el de la asociación público-privada, donde la ciudad trae a una corporación para operar las redes de fibra. Google Fiber es posiblemente la compañía más conocida que provee este servicio, habiéndose asociado con ciudades como Louisville y Austin para conectar a los residentes al internet de alta velocidad.

Las ciudades tienden a asociaciones como éstas, porque no requieren que la ciudad adelante dinero o asuma ningún riesgo. Pero la desventaja es que el proveedor privado puede normalmente cobrar al consumidor lo que quiere… y terminan recibiendo todos los beneficios. 

Tratos con proveedores privados también han dado resultados mixtos, dejando a las ciudades con menos de lo que habían negociado. Por ejemplo, Google Fiber estuvo de acuerdo en ofrecer una opción de menor velocidad a menor precio para los residentes de las ciudades asociadas pero la compañía luego quitó la opción, y a causa de los pactos que las ciudades habían hecho, ya no pudieron hacer nada. El año pasado, Google Fiber decidió retirarse totalmente de Louiville, dejando a la ciudad con un enredo de alambres expuestos motivándoles a que Google a pagara a la ciudad $4 millones de dólares para que ellos mismos hicieran la limpieza.  

El modelo de asociaciones público-privadas para banda ancha municipal no es nuevo:  ciudades como San Francisco y Filadelfia hicieron varios esfuerzos por trabajar con proveedores privados de servicios corporativos de internet a lo largo del año 2000 para lograr instalar wi-fi público. Pero todos esos intentos fracasaron ya sea porque las corporaciones no fueron capaces de justificar el modelo de negocios o porque las ciudades no pudieron aceptar sus términos. 

En contraste, Chattanooga, al actuar plenamente como proveedor público está bajo menos presión para ser rentable y permite a la ciudad seguir ofreciendo tarifas bajas, usar sus ingresos para mejorar los servicios, y priorizar acceso al público sobre retornos a los accionistas.

Las bandas anchas que pertenecen a las ciudades tienen otra ventaja sobre las asociaciones publico privadas. Desde que la administración de Trump quitara las regulaciones de neutralidad de la net del FCC en el 2017, a los proveedores privados les es permitido cobrar diferentes tarifas por diferentes sitios web, y pueden bloquear o restringir el acceso para cualquier sitio que ellos escojan. Las ciudades pueden asegurar que las redes públicas preserven un internet abierto y libre.  

¿Qué tiene que ver Chattanooga con LA?

Buena pregunta. LA es obviamente un lugar mucho más grande que Chattanooga, y puede parecer que no tengan mucho en común.  Y hoy en día, LA no tiene mucha infraestructura de fibra óptica. Abajo, un mapa que creamos usando la información del FCC para mostrarles los bloques del censo donde se puede obtener acceso a fibra hoy en día.  (Una vez más, este mapa pinta una mejor imagen que la realidad: aunque solo un edificio en la cuadra esté conectad a fibra, eso cuenta como un bloque del censo donde hay fibra disponible).

 
 

Pero LA y Chattanooga comparten una ventaja escondida en lo que se refiere a redes públicas de fibra: ambas ciudades están servidas por una empresa eléctrica que es propiedad de la ciudad. 

Mientras que ciudades como San Francisco y New York subcontratan sus servicios eléctricos con compañías privadas, LA es dueña del Departamento de Agua y Energía de la ciudad; la empresa eléctrica municipal más grande del país. El ser dueña de la empresa eléctrica fue la clave del éxito de Chattanooga para establecer la red de servicio público de internet. Su Consejo de Energía Eléctrica era ya una institución poderosa, que ahorró costo y tiempo a la ciudad si esta hubiera tenido que comenzar una nueva compañía desde cero.

No es un sueño de opio: LA puede aprovechar la autoridad que tiene sobre LADWP para construir fibra a lo largo de la red eléctrica, siguiendo el ejemplo de Chattanooga para proveer a todos los residentes con internet más rápido y barato; al mismo tiempo, siguiendo el modelo de Santa Mónica y usando infraestructura nueva, para ofrecer wi-fi público gratuito dentro de sus fronteras. 

Una ventaja más: el construir un proyecto de internet público de gran escala crearía muchos nuevos puestos de trabajo para los trabajadores de LADWP, todo con los amparos y los beneficios de las uniones. En una crisis de empleo, el invertir fondos en obras públicas sólidas como esta es una buena forma de acortar lo que de otra manera sería una lenta y larga recuperación económica.

¿Por qué no hemos probado esto antes?

De alguna manera, ya lo hemos hecho. En el 2013, algunos de los oficiales elegidos comenzaron a entusiasmarse con la construcción de una red de fibra que cubriera la ciudad. El único problema: No querían que la ciudad pagara por ello.

Para evitar poner ellos el dinero, la ciudad abrió una solicitud de propuestas, ofreciendo a compañías privadas la oportunidad de moverse a LA para construir y operar una red de de alta velocidad de fibra por su cuenta y riesgo. El proveedor podía usar la infraestructura de la ciudad para construir su red, cobrar lo que quisiera por velocidades más altas, y quedarse con las ganancias. LA solo requería que los negocios, así como los residentes fueran conectados, y que una conexión básica fuera suplida de forma gratuita. 

Pero el proyecto fracasó. En el 2017, el miembro del Consejo Bob Blumenfield, quién había respaldado el proyecto, reveló que la ciudad no había recibido ni siquiera una propuesta por un proyecto viable. Los observadores de la tecnología tuvieron sus dudas desde el principio, adivinando que el costo y el marco de tiempo que requería el proyecto no sería atractivo para las corporaciones que deseaban maximizar las ganancias a corto plazo. Los escépticos resultaron tener la razón.

Desde entonces, la idea de una red de banda ancha ha aparecido periódicamente sin resultados. Hace dos años, los miembros del Consejo propusieron un nuevo departamento en la ciudad para construir acceso a internet. Eso tampoco ha avanzado.

Mientras tanto, ciudades vecinas se están adelantando a nosotros tratando de alcanzar banda ancha pública de gran velocidad.  Además de Santa Mónica, Burbank, Pasadena, Culver City y Riverside han ya desarrollado redes de fibra municipales en la última década; algunas están disponibles únicamente a negocios que están anuentes a pagar las velocidades altas, pero Culver City ya está trabajando en conectar a grandes edificios residenciales.

¿Cuánto va a costar?

No hay como endulzar esto. La banda ancha pública tiene una etiqueta inicial con precio muy alto. Cuando LA exploró la opción de “fiber-to-the-home” en el 2013, ellos concluyeron que conectar a todos los hogares con fibra costaría ente $3 y $5 millardos. Como comparación, el presupuesto anual de LAPD es de $3.1 millardos, y el presupuesto anual discrecional de la ciudad de LA es de aproximadamente $6 millardos.

El estimado del costo para LA es probablemente correcto. San Francisco, una ciudad mucho más pequeña en cuanto a población y área que LA, estimó que construir una red de fibra para los hogares costaría $1.9 millardos. El proyecto de fibra ya mencionado de Chattanooga costó $229 millones con un 5% de la población de LA y un tercio del área de millas cuadradas. 

Así que llevar la fibra a los hogares in LA costaría mucho dinero por adelantado. Pero debemos pensar  en la banda ancha pública como una inversión; mucha veces las ciudades que la han construido han terminado recuperando sus costos, incluso obteniendo ganancias significativas en tan solo un par de años.

Un estudio de la Universidad de Chattanooga, Tennessee encontró que el sistema de fibra de la ciudad en sus primeros tres años había ahorrado $130.5 millones en cortes de energía, había aumentado la eficiencia  de la energía en las empresas por $234.5 millones y había generado $461 millones en nuevas inversiones de negocios en sus primeros tres años. Estos números sugieren que Chattanooga recuperó más de tres veces su inversión original en un tiempo relativamente corto. La ciudad nunca tuvo que subir los impuestos.

Aquí vecino a nosotros, la inversión de $530,000 en fibra pública en Santa Mónica trajo de inmediato un ahorro anual de $700,000. Aunque a veces tome un cierto número de clientes que suban a la red pública para dar utilidad, hay una cantidad de ejemplos de proyectos que han recuperado su costo con una mezcla de ahorros e ingresos en tan solo unos años. 

No todo el dinero tiene que ser invertido de un solo tampoco, existen muchas opciones creativas para pagar por un proyecto de fibra a largo plazo. LA pudiera financiarse con bonos para comenzar a conectar a algunos vecindarios con fibra de inmediato, enfocándose en los vecindarios que no tienen acceso todavía, y luego usar los ahorros o ganancias de la inversión original para expandir el crecimiento de la red.

Así que el pago adelantado no es necesariamente el obstáculo que parece ser cuando se trata de banda ancha. Es más, tratar de construir una red de fibra de propiedad de la ciudad es una opción fiscal más responsable que permitir que la tecnología y la conectividad de LA se quedan más atrás.

¿Entonces, cuál es la desventaja?

La banda ancha de alta velocidad pareciera ser la solución sin ningún impedimento. Pero algunas ciudades que han construido sus redes de fibra han visto algunas grandes consecuencias negativas, y sin un planeamiento riguroso, la banda ancha puede golpear más a algunas comunidades que ayudarlas. 

¿Recuerda lo que hemos dicho antes sobre proyectos públicos que generan ingresos por el incremento del comercio? Esto llega a veces con efectos secundarios dañinos. Específicamente, los proyectos de banda ancha municipal de alta velocidad pueden crear una invasión de gente de clase adinerada.

El desarrollar un sistema de internet veloz es usado por las ciudades para crear un sector tecnológico, crear nuevos puestos de trabajo bien pagados, y atraer una clase creativa adinerada como residentes. Chattanooga no es una excepción: antes de que lanzaran su red pública de internet en el 2010, Chattanooga era una ciudad típica de la era post industrial, con barrios de bajos ingresos arruinados porque sus habitantes habían sufrido pérdidas de puestos de trabajo severas. El invertir en banda ancha pública fue visto como el medio para mejorar la economía local. 

Pero para el 2012, el código postal de Chattanooga vio la tasa de crecimiento más alto en la expansión de la burguesía del país. Un grupo llamado Chattanooga Organized Action emitió un reporte en el 2019 donde encontró que casi 3,000 residentes negros habían sido desalojado desde el año 2000. La ciudad había experimentado un renacimiento tecnológico, pero con resultados radicalmente desiguales. 

Otras “ciudades inteligentes” que han hecho inversiones tecnológicas han usado estos recursos para incrementar la vigilancia policial y de la criminalización de los residentes negros. Columbus, Ohio, ganadora en el 2016 del concurso “Smart City Challenge” del Departamento de Transporte de los Estados Unidos usó su nuevo programa de banda ancha para mejorar la conectividad entre las estaciones de policía y los dispositivos de vigilancia de los vecindarios, una desarrollo peligroso en una ciudad que ha visto recientemente uno de los más altos índices de casos de policías que matan a residentes negros al compararse con las principales ciudades del país. 

Millones de personas cuentan con alojamientos muy precarios en LA. Si la ciudad quiere sinceramente que la banda ancha pública sirva como recurso para fomentar equidad, debiéramos tomar las medidas necesarias para prevenir que se use para criminalizar y, simultáneamente implementar políticas transformativas para bajar las rentas, mantener a la gente bajo techo, y priorizar construcción asequible. Esa es la única forma de evitar los trágicos desalojos que otras ciudades han visto.  

¿Y qué hay de la seguridad?

Cuando se trata de implementar banda ancha pública, también hay que tomar ciertos pasos para proteger la información del usuario y prevenir el pirateo. 

Como californianos tenemos un derecho a la privacidad explícito y constitucional. Hay decisiones de las cortes a nivel estatal y federal que defienden y aclaran ese derecho, incluyendo protección en contra de la recopilación de datos, aun cuando se utilicen servicios públicos.  

Afortunadamente es relativamente sencillo proveer seguridad y privacidad en sistemas públicos de banda ancha. El reporte del 2018 de ACLU incluye muchas sugerencias útiles, tales como opciones que regulan como lo es establecer un programa de auditoría independiente y una tecnología llamada “wave división multiplexing” que está ya en uso en Santa Mónica. 

También ahorra tiempo y problemas legales potenciales el incorporar políticas de privacidad y seguridad desde el principio. New York, por ejemplo, tuvo que fortalecer sus políticas de seguridad para sus kioscos públicos de internet después de recibir una carta de advertencia de la New York Civil Liberties Union. 

Además de tener tanto el imperativo legal de hacerlo así como la tecnología disponible para proveerla, asegurarle a los angelinos privacidad en la red de banda ancha pública es una decisión de sentido común.

¿Entonces, vale la pena la banda ancha pública en LA?

La pregunta si se construye una red de fibra de alta velocidad que pertenezca a la ciudad es difícil de responder. Viene con el alto riesgo del incremento en burguesía y problemas de seguridad, pero pudiera proveer grandes ventajas a todos los niveles económicos de la ciudad, y si no invertimos en extender el acceso a la red, estamos dejando que residentes y negocios se queden atrás en la era digital.

El internet se ha convertido en un recurso esencial de supervivencia en LA, especialmente ahora que nos hemos enterado de que los campus de LAUSD no abrirán en un futuro cercano, y que los estudiantes van a continuar aprendiendo en línea. Es por ello que el acceso al internet debiera ser un derecho humano básico, uno que provee la ciudad a todos sus residentes. Una red de fibra que pertenece a la ciudad es la mejor forma de lograr esa meta.

El potencial del aburguesamiento no es una razón para dejar de invertir en ello; es una razón para hacerlo implementando políticas que paren el desalojo y mantengan a la gente en sus casas, al mismo tiempo que minimicen los riesgos de seguridad para los usuarios. Si no protegemos a los residentes de los posibles resultados negativos, entonces no vale la pena hacerlo. 

Pero si tomamos precauciones y lo hacemos correctamente, invertir en la banda ancha pública puede servir como un instrumento muy poderoso para levantar a los vecindarios de bajos ingresos, impulsar los negocios locales, y crear una LA más sana y justa; una ciudad que finalmente da la bienvenida a todos sus residentes al siglo 21.